Cuando tenga treinta y nueve años tendré dos hijos. Una niña llamada Ainara de diecisiete años y un niño llamado Roberto de diez años, no se llevan muy bien, aunque en el fondo se quieren; al menos es lo que pensamos su padre y yo.
Ainara es un poco rebelde, va a su bola y me cuesta encaminarla, protesta por todo y nunca se calla; siempre tiene que llevar la razón, al contrario que su hermano pequeño.Es un niño muy educado y tímido, saca muy buenas notas y tiene las cosas muy claras, raro en esta edad.
A veces lo paso mal con Ainara ya que no conozco del todo a sus amistades, y en estas edades se cometen locuras que ni se piensan. No sé que hará, si fumará, beberá,...en fin no creo que me entere, para este tipo de cosas es muy lista, sacando el tema ella me evita.Sólo me queda un año para que sea mayor de edad pero por muy mayor de edad que sea si quiere seguir en mi casa tendrá que seguir unas ciertas reglas aunque no tan estrictas cómo antes, no quiero perderla de golpe.
Roberto se limita a sus estudios, y a un gran deporte para el, el fútbol, se desvive y yo creo que algún día llegará a ser un gran futbolista.
domingo, 16 de diciembre de 2007
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